Priene


Los griegos que vivían en Jonia (la franja costera comprendida entre la desembocadura del Meandro y del Hermo) son los que fundaron sus ciudades en el lugar más favorecido por el cielo y por el clima (...) Mileto es la primera de sus ciudades por el sur; le siguen Miunte y Priene, éstas situadas en Caria y donde hablan la misma lengua. Las otras están en Lidia: Éfeso, Colofón, Lébedo, Teos, Clazómenas y Focea (...); por último, las islas de Samos y Quíos y, en el continente, Éritras» (Heródoto, I, 142).

Mileto

En la época arcaica, Mileto, entonces muy floreciente gracias a su comercio, cayó bajo el dominio de los lidios; su autonomía disminuyó cuando en el 546 a.c. pasó al dominio persa.
Al santuario de Apollo de Dídima se llegaba tras un recorrido de 20 km, que arrancaba de la puerta Sagrada. En su interior tenía su sede un importante oráculo del dios que se manifestaba a través de una fuente subterránea.
Tales de Mileto.
Se puede decir que con Tales empezaron las ciencias aritméticas y geométricas, y la ciencia de la naturaleza con formulaciones teóricas como nunca se había hecho antes. Este lúcido cuadro de un gran historiador de la filosofía antigua nos traslada al inicio del pensamiento filosófico griego, donde el término “origen” ha de entenderse no como una mecánica sucesión de mito y pensamiento racional: en otras palabras, que poco a poco detrás del patrimonio común de ideas y palabras se van precisando conceptos y formas de pensamiento puestas en común por una nueva exigencia de crítica e interpretación racional de los fenómenos. Así, pues, hoy más que nunca se ha de rechazar la idea de un pensamiento mítico encerrado en su propia irracionalidad: al contrario, en el ámbito de diversas exigencias sociales y culturales, dicho pensamiento desempe?a la misma función de proporcionar explicaciones sobre la realidad del hombre.

Didima

Dejando atrás Mileto y siguiendo el camino hacia el sur, se ven unas columnas gigantescas que se alzan hacia el cielo por encima de los tejados de las casas y pensiones. Aquel sitio, es un gran espectáculo.
Se trata del templo díptero (con doble fila de columnas) más grande de la Antigüedad que aún subsiste en nuestros días: el Didimeión, o sea el Templo de Apolo en Didima... es el único edificio gigantesco de dimensiones monumentales que ha subsistido después de la destrucción de los templos en Èfeso y Samos.
Es un templo antiguo de cien metros de largo y cincuenta de ancho, construido encima de una fuente sagrada...

Jonia
Conjunto de territorios de la costa de Asia Menor, situados entre el cabo Poseidón al S y Fócea y Magnesia al N, a los que se añadían las islas de Quíos y Samos. Estaban habitados por población de origen griego.

Historia
La región comenzó a recibir población de origen griego en torno al 1400 a.C., procedente en su mayor parte de Acaya, el Peloponeso y del Ática, y la última oleada migratoria llegó en la segunda mitad siglo VIII a.C. y se estableció en Magnesia y Fócea. Los primeros pobladores fundaron las ciudades de Mileto y Colofón, que fueron seguidas por Samos y Quíos, ya en la Edad del Bronce, pero los núcleos urbanos más importantes -Éfeso, Teos, Clazomene, etc.- se fundaron en torno al año 1000 a.C. Por lo general, las ciudades estaban situadas en bahías con pequeñas llanuras costeras, pues los abundantes recursos naturales de estas zonas garantizaban el autoabastecimiento.

Con el tiempo, los jonios intentaron controlar una cada vez más amplia franja de territorio hacia el interior, lo cual consiguieron bien eliminando a la población autóctona, bien mediante un severo proceso de helenización, hasta que finalmente las fronteras orientales quedaron fijadas en los límites de los reinos de Lidia y Caria. Poco a poco fue surgiendo entre las diversas ciudades jonias una unidad cultural y lingüística, dado que en todas las ciudades se hablaba el dialecto jonio; también se desarrolló una escritura silábica, que terminaría en la adopción del alfabeto. Fue en esta región donde nació la Filosofía, que dio figuras tan grandes como Tales de Mileto y Heráclito.

Para defenderse de posibles ataques externos, se tomó la decisión de formar una Confederación; en un principio eran trece ciudades, Mileto, Miunte, Éfeso, Lebedos, Eritrea, Fócea, Colofón, Teos, Clazomene, Quíos y Samos y Melia, aunque la destrucción de esta última en el 700 a.C., redujo su número a doce. La conquista de Esmirna al norte y Halicarnaso al sur contribuyó a fortalecer las fronteras de la Confederación. La Liga Jonia eligió como centro político el Panionion, templo consagrado a Zeus que se hallaba ubicado en la sierra de Micala.

Algunos historiadores situaban en Jonia el origen de la institución de la polis. La sociedad jonia estaba organizada en fratías, que a su vez se dividían en cuatro phylai ('tribus'), Geleontes, Hópletes, Esicoreis y Argadeis. Esta división surgió en los primeros momentos de la ocupación griega, y con el paso de los años se añadieron dos nuevas tribus, Boreis y Oinopes. En las ciudades se fue sustituyendo el sistema político establecido, la monarquía hereditaria, por un sistema oligárquico en el que el poder era compartido por una serie de magistrados procedentes de las grandes familias, arcontes (funcionarios civiles), polemarcos (los jefes del ejército), tesmóteles (magistrados judiciales) y el rey (encargado del culto). Este régimen hizo que algunas ciudades como Éfeso, Colofón y Mileto acabaran convertidas en tiranías.

El poder de la aristocracia se sustentaba en el comercio marítimo, debido a lo cual esta clase social recibía el nombre de aeinautai ('los que siempre navegan'). La riqueza de las ciudades jonias llamó la atención de los soberanos de Lidia, que a su vez buscaban una salida al mar. El rey lidio Ardis (651-613 a.C.) convirtió a Jonia en un protectorado de su reino, pero esto no convenció a su sucesor Creso que conquistó militarmente la región en el 560 a.C. Mileto fue la única ciudad que consiguió conservar su independencia gracias a la firma de un tratado de alianza. El general de Ciro II el Grande, Harpagón, sometió a todas las ciudades jonias, algunas de las cuales, como Teos y Fócea, fueron abandonadas por sus habitantes para asentarse lejos del dominio persa. Darío I utilizó la potencia marítima de Jonia para expandir sus dominios en el Mar Negro pero, la presión era tan insoportable, que las ciudades jonias se reunieron a iniciativa de Mileto para librarse de la hegemonía persa. La guerra estalló en el 499 a.C., y durante el tiempo que duró ésta los jonios contaron con el apoyo de las naves de la Atenas de Clístenes. La primera victoria importante para los griegos fue la conquista de Sardes, pero la reacción de Darío no se hizo esperar. La flota jonia fue derrotada por la persa en el 494 a.C., lo que obligó a la firma de un tratado de paz, según el cual las ciudades jonias podían conservar sus instituciones mientras que las cuestiones internacionales quedaban en manos persas.

Durante las Guerras Médicas, Samos y Quíos fueron las primeras ciudades que lograron pasarse al bando griego. La paz de Calias (449 a.C.) obligó a los persas a abandonar Jonia. Tras el fracaso de los atenienses en Sicilia, los jonios trataron de hacerse con el control marítimo del Egeo. Para conseguir este objetivo toda la flota se puso al servicio de la Liga del Peloponeso, lo cual no evitó que perdieran su independencia cuando los peloponesios reconocieron la soberanía de los persas sobre la región. La nueva etapa de dominio persa duró hasta que Alejandro Magno liberó a las ciudades del continente en el 334 a.C.; a las islas de Quíos y Samos les llegó su independencia dos años más tarde. Tras la muerte del rey macedónico el control de Jonia recayó en Lisímaco, rey de Tracia. Los romanos incluyeron los territorios en la provincia de Asia.
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