SANTA SOFíA

El edificio actual debe su existencia al emperador Justiniano que, en tan sólo 5 años (532-537), logró reconstruirla gracias a las artes del arquitecto Antemio de Tralles al que sucedió su ayudante Isidoro de Mileto. Justiniano quiso convertir la basílica en el más suntuoso templo de la cristiandad, superando el esplendor del de Salomón en Jerusalén, por lo que no le importó expoliar las riquezas de otros importantes templos como el de Diana en Éfeso, el de Atenas en Delfos o los de Delos y de Osiris en Egipto. Mármoles, columnas y ornamentos fueron reubicados en Santa Sofía. Emperadores bizantinos como León VI y sus sucesores la dotaron de uno de sus elementos decorativos más relevantes: Los mosaicos, realizados entre los siglos IX a XII.

Una única nave de planta casi cuadrada, sustenta en su centro una magnífica cúpula de unos 32 metros de diámetro. Esta cúpula ostentó orgullosamente el título de ser la más grande del mundo, hasta que perdió su reinado en 1436, cuando a un tal Filippo Brunelleschi se le ocurrió un ingenioso e innovador sistema para levantar una cúpula aún mayor, de 45 metros de diámetro, en el Duomo de Florencia.

Cuando la ciudad cayó bajo el Imperio Turco, los turcos no derribaran el símbolo más importante de la Cristiandad en Oriente en aquella época. Pero Santa Sofía se adaptó, transformándose en Mezquita. Se construyó el mihrab, Selim II erigió los cuatro minaretes. Los seis enormes levhas -discos de madera pintada- suspendidos sobre los pilares de las galerías son uno de los elementos que más destacan en la amplia nave, pero no fueron añadidos hasta mediados del siglo XIX por los Fossati (responsables de otra de las restauraciones del edificio). Los caracteres arábigos en oro hacen referencia a los nombres sagrados del Islam: Alá, Mahoma y los cuatro primeros califas Abu Bakr, Umar, Othman y Ali. Estos discos y la gran inscripción que aún se lee en el intradós de la gran cúpula, son obra del calígrafo Mustafa Izzet Efendi.

Los mosaicos se cubrieron con una capa de yeso que los disimulaba a los ojos de los seguidores de Alá. En abril de 1932 se destaparon los magníficos mosaicos bizantinos, sufriendo un largo proceso de restauración que impidió, hasta 1964, su exposición al público.

Lola te aconseja :


Busca la tumba de Enrico Dandolo también mencionado en el último libro de Dan Brown, “El Inferno”. Está en un lugar escondido pero tiene mucho valor histórico.

A la izquierda de la puerta imperial se encuentra la columna húmeda, que al parecer tiene propiedades mágicas: Debes introducir tu dedo en el hueco de la columna de cobre y pedir un deseo. ¡Si tu dedo sale húmedo, el deseo se cumplirá!



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